jueves, 11 de marzo de 2010

Llanto de hermosura



La noche se vuelve oscura
para suspirar su llanto.
Las gargantas enmudecen
ante el sollozo quebrado,
las estrellas palidecen
al brillo de sus párpados
y hasta la cera impoluta
se va fundiendo en quebranto.

Acompasa su tristeza
solo el cante agitanado
y una melodía funesta
que se acopla tras su manto
hace resonar su pena
en el aire entrelazado.

La aflicción llega a su cénit
la noche del Jueves Santo,
entre angustia y la pasión
-es dolor encadenado-
y hay luto por las esquinas
al luctuoso tránsito
de la Virgen que más llora,
más bella, por más llanto.

Parece que no hay cabida
en ese rostro -cuajado
de lágrimas tan amargas
que hacen al mar amargo-
para un atisbo de gozo...
y con Ella, sin embargo,
el candor se manifiesta
como una tarde de mayo,
en su mirada perdida
donde se halla lo buscado,
ojos para los que lloran ,
suspiros para los labios,
caricias que no se palpan
y un brevísimo entusiasmo
por ver el Valle frondoso
en ese verde sagrario.

Pues siendo tanta su pena
y aun siendo culmen del llanto
¡llora con tanta hermosura
y qué hermosa está llorando!

1 comentario:

El ave peregrina dijo...

Hermoso llanto de hermosura, donde nuestra madre sigue a su hijo hasta el final.
Yo le digo:

Lágrimas ella derrama
con cara desencajada,
con pena y desconsolada
sujeta al hijo que ama.

Un abrazo amiga.

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