lunes, 10 de noviembre de 2008

Flor en tu Valle...


¡Cómo lloras, Madre mía,
En tan profundo quebranto!
Rota por el dolor, que prende
De tu rostro y de tus manos.

Pena sumida en la pena,
Llanto en medio del llanto
Que hace brotar de tus ojos
Un cristalino remanso
Que baña y que sumerge
Ese crisol delicado
-santa patena en tu cara-
Que es tu mejilla de nardo.

¡Cómo lloras, Madre mía!
¡Cuánto profundo quebranto!
Nada en este mundo
Se compara a tal impacto
Que nos produce tu angustia
La noche del Jueves Santo.

Más no importa, Madre mía…
¡Sigue, Tú sigue llorando!
Que ese reguero de pena
Nos sirva a todos de manto,
Manto de agua y de pozo
Que la sed vaya quitando.

No dejes, pues, de llorar,
Que con tu divino llanto
Inunda toda la pena
De este prado sevillano.

Y si tu llanto es vida…
¡Sigue, Tú sigue llorando!
Que en el Valle que es tu cara
-entre claveles y nardos-
Son tus lágrimas tan dulces
Que quiero de vez en cuando
Ser una flor en tu Valle
Y regarme con tu llanto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leyendo este poema, se le viene a uno a la mente esa irrefrenable congoja que nos entra a los nazarenos de la hermandad del Valle cuando volvemos a la Anunciación de vuelta de la catedral.
Y ese sentimiento, a mi personalmente, se me quita cuando llego a mi casa, me quito la túnica, me siento en la mesa a cenar, descorro la cortina y veo bajando por la calle Feria esa legión de luciérnagas que son los cirios de los nazarenos que preceden al paso de la Sentencia. Entonces la congoja se vuelve alegría.

Inconmensurable la poesía.

Un saludo

David Barcáiztegui

istar9 dijo...

Me alegro que te guste David y que te des una garbeo por mi blog.
Un saludo afectuoso!

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